
en el Centro de las Artes se tiene la constante sorpresa y la emoción de quien descubre una nueva obra. Lo que queda es el recuerdo de ángulos inesperados, el recorte de los volúmenes contra el paisaje, la fuerza de la textura y la riqueza de la piedra, las confrontaciones entre la oscuridad opaca y la luz transparente del cristal.
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